Humillados. La clave para la visitación de Dios (por Carlos Annacondia). Reseña. Primera parte.

Cuando comencé en el camino de seguir a Jesús, este fue uno de los primeros libros que pude conseguir (¿Por qué los libros sobre la realidad del cristianismo son tan caros?! Aún no lo sé). Aquí te presento una reseña de algunos conceptos y claves que me han ayudado desde entonces.

Recuerdo que Annacondia era un personaje totalmente desconocido para mí. Pero cuando escuché que tenía el valor para liberar a otros los ataques demoníacos y había evidencia del mover de Dios en su trabajo, quede impresionado. Para conocer más sobre estas cosas es que conseguí este libro.

Si bien el autor no es experto en comunicar o narrar, y a veces puede parecer demasiado simple, hay mucho que aprender del recorrido y del trabajo que llevo a cabo.

Estructura del libro

Es un libro muy pequeño, de 137 páginas. Puede leerse sin problemas en unas pocas horas. Fue publicado por la Editorial Peniel. Tiene siete capítulos y algunos apartados extras de testimonios de liberados en campañas de liberación.

Capítulo 1El secreto del avivamiento, parte 1
Capítulo 2El secreto del avivamiento, parte 2
Capítulo 3Conocer al adversario
Capítulo 4La autoridad de Satanás
Capítulo 5Consumado es
Capítulo 6El Evangelio encubierto
Capítulo 7Un llamado a la madurez espiritual

A continuación te presento algunas notas sobre lo mejor de este libro. Si vos también lo leíste y querés, podes dejar un comentario abajo de tus reflexiones para la comunidad.

El secreto del avivamiento – #1 y #2

Los primeros dos capítulos bosquejan un poco algunas respuestas a los éxitos que este Evangelista fue capaz de impulsar.

La oración y la intercesión son reconocidas como la base fundamental. Se cita Levítico 6:12-13 para ilustrar la buena intercesión, del fuego que siempre ha de mantenerse encendido.

«Dios busca hombres y mujeres que se pongan de rodillas frente a Él, velando no solo por sus necesidades, sino intercediendo por aquellos que sufren» (p. 22).

Ahora, además de reyes somos sacerdotes, llamados a sacrificar por otros, a interponernos entre Dios y el hombre por los pecados del pueblo. Ezequiel 22:30 nos narra este tipo de ministerio. Moisés y Daniel así lo hicieron, entre otros heroes de la fe.

«La intercesión profunda solo podremos experimentarla cuando hayamos visto el sufrimiento por el cual estamos pidiendo» (p. 27). Quizás eso explique porque en algunos casos tenemos que reconocer nuestro propio sufrimiento, y no encerrarnos en burbujas, en contextos donde parece no existir necesidad ni dolor. Que importante es recorrer, caminar y ver al pueblo para comprender que no podemos ser egoístas y conformarnos con una bendición solo familiar o personal.

«Dios sigue (…) buscando gente que esté dispuesta a sacrificar su tiempo, no solo para predicar el Evangelio sino para interceder, gemir, clamar, llorar por aquellos que están en necesidad» (p. 29). Hebreos 5:7 revela que Jesús mismo ofrecía oraciones y súplicas de la misma manera.

«La guerra espiritual (…) no es una fórmula o una receta que se pueda enseñar fríamente. No es una sucesión de pasos que tengamos que aprender (…) la guerra espiritual comienza en la intercesión» (p. 31). Como hemos visto en la vida de este Evangelista, su experiencia de victoria se ha tratado de la guerra espiritual a nivel de poblaciones, de ciudades y países.

«En cada ciudad hay un principado, potestades que se oponen al accionar de Dios sobre sus hijos» (p. 34). Al comentar una de las cruzadas, recuerda que «Noche y día orábamos (…) atando al hombre fuerte, al príncipe de la región. Reprendíamos y le ordenábamos a Satanás que soltara a las almas, los hogares, los drogadictos, los matrimonios, las prostitutas, los ladrones y todos los pecadores que tenía atrapados en sus garras, en el nombre de Jesús» (p. 36).

Al narrar las enormes trabas que sufrieron en una campaña, revela que todo se allanó cuando reciben una visión: el derramamiento de sangre del pasado en aquel territorio había generado una maldición tan poderosa, que primero debía quebrarse al pedirle perdón a Dios por ello, e interceder.

«Una iglesia que no ayuna ni ora, que no llora, es una iglesia indiferente» (p. 39). Una de las oraciones más directas y bellas de todo el libro.

«Satanás, suela los medios en el nombre de Jesús!» (p. 41). Es vital reclamar esto ya que el evangelio necesita medios de comunicación, necesita que la verdad sea conocida masivamente. Esto me recuerda que Internet es un medio, realmente debemos orar para que Satanás suelte Internet en el nombre de Jesús!

Annacondia revela que con su equipo, oran por tres elementos: la ciudad, las personas y los medios. En una visión, fue capaz de ver que cuando el hombre fuerte está atado, cuando los príncipes están atados, se quiebra la cadena de mando. Entonces los soldados ya no pueden recibir órdenes, por eso abandonan la guerra como un ejército vencido.

¿Qué es entonces la guerra espiritual? Annacondia dibuja una parabola: en lo natural, primero es primordial un ataque aéreo que genera daño a las estructuras más importantes. Pero el ataque terrestre para ganar espacio y territorio es el siguiente paso: la evangelización visitando casas y charlando persona a persona. Es algo que se hace por arriba y por abajo.

«Interceder y predicar, eso es la guerra espiritual» (p. 46)

Conocer al adversario – #3

Annacondia tiene muy claro que se trata de una guerra, y en base a Lucas 14:31 nos indica que tenemos que conocer de antemano las capacidades, las estrategias y los recursos con los que cuenta nuestro enemigo espiritual.

Antes que nada tiene que atacar las mentiras que nos perjudican seriamente: «muchas veces los creyentes ignoran al diablo, pensando que de esa manera no serán atacados o que es algo de lo que no hay que preocuparse» (p. 47 y 48). «(…) pensando que tal vez si lo ignoran estarán fuera de su alcance (…) vamos a dejarlo tranquilo para que no nos moleste» (p. 48). «Si no nos entrometemos en sus asuntos, él no se entrometerá en los nuestros» (p. 49).

Esto es real y yo mismo lo he encontrado: hay cristianos que creen que viven en tregua con el mal. La realidad es que la tregua no es verdadera, tarde o temprano el enemigo activa todas las trampas y estrategias que con tranquilidad instaló en la vida de esas personas, y la ruina repentina los golpea. Continuemos con lo que nos explica Annacondia en su libro.

«Nuestra lucha es contra el diablo y su ejército. Él es nuestro enemigo (…) es un diablo derrotado, vencido» (p. 48). Esto desarma la segunda mentira más difundida, la que nos dice que nuestro enemigo aún no ha sido derrotado. Todas las mentiras sobre el poder que tendría nuestro enemigo quieren plantarnos un espíritu de temor, conforman un ataque cuya finalidad es disuadir y debilitar a quien sabe la verdad: «podrá presentar muchas formas y manifestaciones con el objetivo de atemorizar, pero él es un diablo mentiroso y no puede desoír ni desobedecer la autoridad del nombre de Jesús» (p. 49).

Annacondia nos advierte del riesgo de creer que somos inmunes a los ataques si estamos en desobediencia frente a la Palabra de Dios y no buscamos la ayuda del Espíritu Santo.

Como es habitual, se explica la relevancia de Efesios 6:12 y los diferentes tipos de ordenes o niveles de jurisdicción que el mal establece sobre un territorio. También aconseja pedir que se envíen legiones de ángeles para avanzar en las tareas de evangelización, sobretodo si se percibe gran resistencia en un territorio.

Cierra esta sección recordándonos Lucas 10:19: «Sí, les he dado autoridad a ustedes para pisotear serpientes y escorpiones y vencer todo el poder del enemigo; nada les podrá hacer daño«. Por ello, cuando un demonio hable a través de una persona diciéndote que no puedes, solo debes recordar que es cierto que tú humanamente no puedes luchar contra ellos, pero sí el que está contigo puede, nuestro Señor Jesús.

La autoridad de Satanás – #4

Este capítulo es fuerte, principalmente para los recién enterados de la verdad. Citando 1 Juan 5:19 y Mateo 12:30 se clarifica que todos «estamos de un lado o del otro. Pertenecemos al Reino de Dios o pertenecemos al reino de Satanás» (p. 61). Por ello el primer subtitulo de este capítulo es una pregunta muy directa, ¿A qué reino perteneces?.

Para comprender la autoridad de Satanás, Annacondia nos muestra que entre el pacto que Dios hace Adán y Eva, y el pacto que hace con Noé y sus hijos, hay una gran diferencia: «ya no estaba presente el mandato fundamental que Dios les dio en el principio: dominen» (p. 65). Sencillamente, perdimos nuestra corona y autoridad desde el huerto del Edén y cuando todos pecamos. Así fue, y así es como Satanás conquista derecho legal sobre todo lo que el hombre debe dominar.

Gracias a Jesús, este no es el final de la historia. Él saldo la deuda y recupero lo que habíamos perdido.

En el siguiente post continuamos con la segunda parte de esta reseña.

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